Os comparto el dosier final de mi obra «|no| estoy bien», en la que abordo, a través de la experiencia personal, una de las consecuencias de la depresión como es el ocultar el dolor a los demás.
Espero que leste proyecto os sea de interés y os deseo un buen verano.
Hola a todos y todas, os comparto mis avances de estos días. Durante esta semana empecé las pruebas sobre diferentes tejidos:
Poliéster: Los rotuladores no se deslizan bien. La tinta china pinta bien, pero se absorve mucho, quedando un resultado gris.
100% Algodón: Al rotulador le cuesta algo, la tinta mucho mejor, pero no absorbe mucho, quizás por el tipo de tejido que no es muy liso.
50% algodón 50% modal: similar al 100% algodón aunque con mejor absorción, pero la forma del punto es simular.
Los pantalones son dejido denim que son 100% algodón. En este caso la tinta a penas se queda y se absorbe, por el contrario el rotulador se desliza bien sobre la superficie.
Finalmente para la conjunto uso una camisa grande de 95% algodón, con un tipo de tejido suave que faciliza el deslizamiento del pincel. Utilizo una tabla más grande que ya tenía y me ayudo de pinzas para la ropa para pintar sobre ella.
He podido avanzar la primera capa de texto sobre ambas prendas, pero para cada prenda he tenido que usar una técnica diferente debido a sus características.
En el caso de la camisa, las letras estás escritas con tinta china y pincel, y en el caso del pantalón, con rotulador impermeable negro.
Para el proceso de escritura me apoyo en el guión que hice, así como de música que me ayude a concentrarme. Al principio tuve dudas de si podría escribir tanto, pero al final las palabras acaban saliendo. No es un proceso fácil, y en algunos momentos la rabia se puede ver en algunas palabras, en las siguientes capas que haré estos días, cambiará totalmente cómo se ve el conjunto, porque ahora parece como si contara una historia, como enseñar la base de algo y las siguientes capaz creo que expresarán más sentimientos que serán consecuencias de todo lo contado anteriormente, y acabará dando como resultado una fotografía de un conjunto de historias y sentimientos que cargo conmigo cada día.
Al terminar espero poder sentarme a analizar bien el resultado, si es lo esperado o no, en este momento pienso más en conseguir construir lo que quiero.
Esta primera semana he empezado recopilando materiales para las pruebas. He ido a una tienda de ropa de segunda mano para poder no solo conseguir prendas asequibles sobre las que experimentar, sino por la variedad de materiales con las que están elaboradas.
He tenido que descartar varias prendas porque no llevaban la etiqueta de declaración de con qué materiales estaban elaboradas. Estos días haré pruebas con tinta sobre ellas, a ver cómo responde cada material.
Por otro lado, también he iniciado la guía de lo que voy a plasmar sobre las prendas. No está siendo un proceso fácil, porque no dejan de ser recuerdos que me han hecho y hacen mucho daño, debí incluír al presupuesto unos paquetes de kleenex.
Pero bueno, ahí voy. Me he ido una cafetería para no ser interrumpida y poder concentrarme con la ayuda de la música.
Como el proceso se ve acortado por los plazos de entrega de la actividad, espero poder iniciar con la obra a mediados de la semana que viene, junto con la fotografía de las zonas donde realizaré mi actividad diaria portando las prendas.
Traigo a poner sobre la mesa el aprendizaje a través de la caligrafía japonesa, el shôdo. Llevo más de un año recibiendo clases y lo que me motivó a empezar a aprenderlo fue la búsqueda de conseguir un mejor control en mis trazos de pintura. Pinto al óleo y además de una manera bastante rápida, porque me emociono muchísimo y mi cerebro se pone a 1000, sin control. Pero no pasa nada porque si me equivoco, corrijo, tapo o cambio, hasta el punto de tener que aprender cuándo parar y soltar un cuadro.
Con el shôdo, en cambio, me fui a la antítesis de todo ello: a la única oportunidad, al no poder corregir, tapar ni cambiar nada, a tener que pensar y organizar antes de iniciar cada trazo.
Con el tiempo aprendí que, además de una práctica artística, es una forma de meditación, que me ayuda a relajarme, concentrarme y motivarme a mejorar. En cada línea y mancha de tinta no solo intento escribir los caracteres lo mejor posible, sino que dejo reflejado mi estado de ánimo, mis emociones y la energía que tenga en ese momento en cada trazo.
Quizás el secreto de todo ello y la tranquilidad que me da se debe a que es algo que por más décadas de experiencia que tengas, nunca hay una meta a la que llegar, sino solamente seguir aprendiendo a través de su práctica.
PD: guardo cada una de las hojas con las he practicado.